Cuando el conejo sale muerto de la chistera

Si en algo me he caracterizado durante toda mi vida ha sido por ser un tímido sin vergüenza. No, no es un oxímoron, me explico, no tengo vergüenza para lo que la mayor parte de la gente la tiene, no me molesta hablar en público, hacer exhibiciones, hacerme notar… pero soy tremendamente tímido para proponer algo a alguien que no conozco.

En vista que nunca he tenido un cuerpo esbelto ni un cara atractivísima, apuntalé mi capital sexual en un intangible como es mi atractivo y no mi belleza, mi personalidad, mis ganas de agradar, la potenciación del morbo y disimulando mis defectos. Bueno, eso no es nuevo, tod@s hacemos eso, ¿no?

Esta manera de seducir me ha proporcionado algunas historias maravillosas, y relaciones que han trascendido a lo físico. Siempre he considerado muy atractivas físicamente a mis compañeras de juegos, pero desde luego, como en todo, he tenido fracasos.

En el mundo donde presumimos de lo bien y lo bonitos que somos, donde una imagen de Instagram nos define, hoy me apetece escribir sobre fracasos.

Los he tenido sonados, como todo el mundo, pero, voy a referirme a aquellos que me han llevado a ponerles título. Empecemos con

Los tres polvos y ningún orgasmo.

Fue hace tiempo, empezaba en mi mundo de mente abierta y como tantísima gente usaba las aplicaciones que conocía, de estas tan bonitas donde la gente va a lo que va, pero no lo dice y habla de romanticismo. Conocí a una mujer con la que quedamos para hacer un café y si la cosa surgía, pues adelante.

Al llegar a donde habíamos quedado, y esperar un rato, nos encontramos. Físicamente no me defraudó nada. No hicimos el café, fuimos directamente a mi casa, que ante la previsión había hecho para preparar la cena. Tomamos una copa de vino, ultimé la cena, y nos pusimos a charlar animadamente mientras cenábamos y bebíamos vino. Y más vino, y un poco más… y ella me dijo, estoy un poco mareada, ¿te importa si fumo un poco de María para ver si se me asienta el cuerpo? No soy nada de drogas, pero no tengo una especial animadversión si los demás las toman, así que, le dije que hiciera lo que le sentara mejor… ¡¡¡CRASO ERROR!!!

Lejos de asentarle el cuerpo fue justo lo contrario, la movió más y necesitó ir al baño a sacar la cena que tan laboriosamente había preparado. Al volver, tomó un poco más de vino y yo ya veía que eso no iba a acabar bien, así fue. Intentó que hiciéramos algo, pero en su estado, creí más conveniente, ponernos a dormir. A mitad de la noche me despertó pidiendo si me podía ir al sofá porque mi respiración le molestaba para dormir. A la mañana siguiente, una vez recogida la palangana, que le dejé por si tenía que volver a vomitar, recogida la casa, me sugirió acabar lo que intentó empezar por la noche… y bueno, la carne es débil, Error dos. Fue fatal, no hubo nada de química, ella acabó, pero yo no (me han dicho que esto ocurría pero especialmente a chicas). Tras llevarla a casa, pensé que acabaría ahí la historia con ella, pero no, al cabo de unos días, me volvió a contactar y me pidió volver a quedar. Y así fue.

En la segunda cita, no preparé cena, era un plan de tarde en una piscina. No había alcohol en exceso y tan solo alguna cerveza.

Volvió a no haber química entre los dos y volvió a pasar exactamente lo mismo.

Ya por orgullo, le pedí yo otra cita y ella accedió encantada, pues para ella entre nosotros había una química brutal.

La tercera cita fue en su casa, me recibió con un camisón blanco que dejaba ver su cuerpo.

Al entrar, me dijo algo tan sexi como, ten cuidado al pisar las baldosas, que acabo de hacer las juntas, como hay confianza, no hace falta que las limpiara hoy, ¿no?

Siguió con un te importa que veamos el futbol? Y así fue, sentado delante del televisor, y viendo a 22 millonarios en pantalón corto corriendo detrás de un trozo de cuero.

Durante la media parte, fui a buscar una pizza a una cadena cercan, al llegar, parece ser que su equipo perdía y así fue resultado final.

Cenamos mientras y cuando acabó el partido, dijo otra frase romántica como,

-mi equipo ha perdido, pero por lo menos vamos a follar.

Mi libido por el suelo la acabó de arreglar poniendo música reggetón. En ese momento de éxtasis me dijo que esperara que se fumaba un porro y se ponía al lío.

Juro que en ese momento, pensé, quiero quedarme solo para ver qué más puede pasar.

Y Pasó, me pidió hacer la cama, y efectivamente, volví a no tener orgasmo. Hasta que al final, decidí que lo solucionaría yo usando su mano como acompañamiento.

Al acabar por orgullo, ella espetó:

-¿A que soy la mejor amante que has tenido?

No supe que responder sin dejar de ser elegante.

 

otro día os explico la historia de otra chistera.

 

perversamente vuestro

Dave Laciter

 

 

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